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21 / febrero
Atenas, febrero, 2012
(...) Grecia está en pie de guerra social y seguirá estándolo. El gobierno no tiene legitimidad. Las huelgas y las ocupaciones de ayuntamientos y edificios públicos se multiplican (...) La vía estatal no vale, porque el Estado es, por esencia, represor y corrupto. A la empresa privada se le ha allanado el camino hasta tal punto que el trabajo se parece cada vez más a la esclavitud. Así las cosas, la única alternativa es la autogestión. En Grecia se multiplican las experiencias de este tipo (...)
HOSPITAL DE KILKIS: EL LUNES 20 DE FEBRERO EMPIEZA LA OCUPACIÓN
(...) Los trabajadores del hospital de Kilkis no reconocen al gobierno actual, un gobierno impuesto y voluntariamente esclavo de otros intereses, y declaran el autogobierno del hospital (...) El pueblo debe luchar al margen del parlamento, con luchas en las calles y sin esperar inútilmente a que el poder les dé nada, reivindicando una potente constitución democrática y una nueva transición, que ponga al país en el camino del progreso y lo convierta de nuevo en un lugar de democracia, de igualdad, de justicia y de prosperidad.
Atenas, febrero, 2012
Petros, un compañero anarquista que vive en el barrio de Exarjia, salió de su casa para ir a la manifestación del domingo 12 de febrero en Atenas. Ya fuera del portal, se le acercaron unos tipos sin uniforme, que no se identificaron, y le pidieron la documentación. Es una práctica común en Grecia -ilegal, pero muy común- que la policía secreta se coloque en las esquinas de las calles que rodean el lugar donde se ha convocado la manifestación para identificar y registrar a quien les parezca oportuno, y si algo les resulta sospechoso, o si reconocen a algún militante político, lo llevan a comisaría para comprobar sus datos -los mismos datos que muestra el carné que acaban de ver- y lo retienen hasta que la concentración ha concluido. No está detenido, le dicen, pero de momento no puede marcharse. El día 12 la técnica fue más sofisticada y amedrentadora: como en el caso de Petros, la policía esperó a muchos compañeros en los portales de su casa poco antes de la manifestación para llevárselos directamente a comisaría. Los dejaron marchar a las diez y media de la noche.

Eleni trabaja en una empresa de informática. Cobra el salario mínimo, más algún plus por tener título universitario y por antigüedad, unos 700 euros, que es un buen sueldo tal y como están las cosas. A partir del mes que viene cobrará un 20 % menos gracias a las medidas que la Troika ha impuesto para "solucionar" los problemas económicos del país. Puede considerarse afortunada. Muchos trabajadores llevan sin cobrar más de seis meses, y los jubilados ven cómo se reducen cada vez más sus pensiones, por no hablar de los que ni siquiera tienen trabajo. Además, se han anulado los convenios colectivos y se ha liberalizado el despido, más o menos las mismas medidas adoptadas por el gobierno español y otros gobiernos europeos. Día a día, vemos aumentar una nueva clase social, la de los "nuevos pobres". Los carritos de la compra han pasado a formar parte del paisaje urbano, entre los coches mal aparcados y las aceras llenas de socavones, pero para lo que se utilizan ahora es para transportar lo recaudado entre la basura, en el mejor de los casos metal o papel.

Dimitris, un titulado universitario que trabaja de camarero, tenía que operarse de los ligamentos de la rodilla. En este país, cuando se va al médico, se sabe que te pueden pedir un "sobrecito". El sobrecito en cuestión es una propina para que el médico te trate mejor y cuanto antes. En el caso de una operación seria, la propina puede ascender a varios miles de euros. Pero Dimitris no estaba dispuesto a pagar sobornos. Le tocó esperar más de un año, porque siempre había algún alma espléndida que pasaba por delante de él en la lista de espera. La cosa pública en Grecia ha gestionado los recursos de manera completamente corrupta y ha creado una abultada casta de funcionarios colocados buena parte de ellos a dedo por los dos partidos que se han alternado en el gobierno, PASOK y Nea Dimokratía. Es público y notorio que el apoyo electoral o político a cualquier nivel suele recompensarse con un puestecito público para el niño o la niña. Así las cosas, cuesta creer que los miles de empleados públicos que serán despedidos en este país, siguiendo las indicaciones de la Troika, vayan a ser precisamente los enchufados de todos estos años. Por otra parte, si los servicios sociales ya funcionan mal, difícilmente pueden funcionar mejor aplicándoles la tijera.
Lukás Papadimos, antiguo vicepresidente del Banco Central Europeo, es desde el pasado mes de noviembre el primer ministro. Nadie lo ha votado, y no es de extrañar, puesto que nunca se ha presentado a unas elecciones. Encabeza un gobierno de coalición, o de salvación nacional, como dicen por aquí, que tiene por misión firmar todas las leyes que los organismos financieros precisan para saldar una deuda cuya legitimidad cabría cuando menos cuestionarse. En la antigua Roma, en periodos críticos y con carácter estrictamente temporal, se designaba a una magistratura para dirigir la República. Pero se la llamaba dictadura. A estas alturas sería ingenuo esperar que se llamara a las cosas por su nombre. Llaman "flexibilidad laboral" a la pérdida de derechos, "moderación salarial" a la reducción de los sueldos, y "salida y entrada" al despido.

La Troika chantajea pidiendo que, gane quien gane las próximas elecciones, sigan vigentes las medidas que acaban de firmarse. En caso contrario, no entregará los 130 mil millones de euros, dinero que, por otra parte, sólo servirá para rescatar a los bancos y que ni siquiera entrará en Grecia. Decían por aquí que las elecciones serían en febrero. Después, que en abril. Pero en abril es muy difícil que se celebren elecciones, y más ahora, cuando las encuestas pronostican el descalabro de los partidos que participan en el gobierno. El mayor derrotado sería el PASOK, que sólo obtendría en torno a un 13 % de los votos. Ya se sabe: tenemos democracia y libertad siempre que nuestros deseos y nuestros votos se ajusten a los deseos de los de arriba. ¿Y si no? Si no, ya encontrarán la forma de meternos en vereda. Por la Libertad y la Democracia, claro. Claro.

Con estos ingredientes y algunos otros se prepararon buena parte de los cócteles molotov que ardieron el pasado 12 de febrero en las calles de Atenas. El estallido fue generalizado. Los incendios y los destrozos se extendieron por toda la ciudad, de modo que parece imposible que los llevara a cabo exclusivamente un grupo de encapuchados. Podía verse a señoras de cierta edad quemando contenedores para que no pasara la policía motorizada atropellando y golpeando a la gente, a ciudadanos completamente normales diciendo que había llegado la hora de quemarlo todo, que ya nos habían quemado la vida y que no había otra. Pasaron horas respirando gases lacrimógenos, intentando evitar que la policía dispersara la manifestación.

Grecia está en pie de guerra social y seguirá estándolo. El gobierno no tiene legitimidad. Las huelgas y las ocupaciones de ayuntamientos y edificios públicos se multiplican. Pero la conciencia política debería extenderse a una población mucho más amplia, no limitarse a la protesta por haber perdido las migajas de ayer (migajas que, dicho sea de paso, ya empiezan a parecer un festín). Puede que en un momento dado todo colapse, con bancarrota oficial o no, y en ese caso será indispensable tener respuestas. La vía estatal no vale, porque el Estado es, por esencia, represor y corrupto. A la empresa privada se le ha allanado el camino hasta tal punto que el trabajo se parece cada vez más a la esclavitud. Así las cosas, la única alternativa es la autogestión. En Grecia se multiplican las experiencias de este tipo. Mucho está aún por hacer, muchísimo, pero día a día surgen nuevas cooperativas de trabajadores sin jefes, cafeníos y tiendas, servicios de mensajería, talleres de muebles y cooperativas de alimentos que funcionan de manera horizontal. Se han creado redes de intercambio de productos y de servicios, y en algunos casos se ha puesto en marcha una moneda alternativa. Algunos productores agrícolas han abandonado el comercio convencional y se han unido a grupos de consumidores para funcionar sin intermediarios. En Tesalónica, en Kilkis y en diversos barrios de Atenas se han abierto ambulatorios sociales, es decir, edificios ocupados que pasan a ser gestionados por médicos y en los que la consulta es gratuita, iniciativa importante ahora que muchas personas han perdido la seguridad social tras meses sin cotizar. Se organizan cada vez más cocinas colectivas, que van tomando forma de comedores sociales, grupos de profesores que dan clases de apoyo gratis, asambleas de barrio y muchas otras propuestas. Pero el camino es largo y queda mucho por hacer. Esperemos que dé tiempo a fortalecer estas repuestas antes de que llegue lo que se nos viene encima.
Chemi Espinosa

LOS TRABAJADORES DEL HOSPITAL DE KILKIS (GRECIA) COMIENZAN LA OCUPACIÓN
Os traslado, traducido al castellano, un comunicado emitido por los trabajadores del hospital de Kilkis (noreste de Grecia) el día 18 de febrero. Dichos trabajadores han empezado a funcionar el hospital de forma asamblearia.

HOSPITAL DE KILKIS: EL LUNES 20 DE FEBRERO EMPIEZA LA OCUPACIÓN
Tal y como se había decidido, comienza la ocupación del Hospital General de Kilkis, a despecho de los médicos, políticos y sindicalistas acomodados. A pesar de los intentos desesperados por parte de los escalafones más elevados de la burocracia sindical, que abandonaron la Asamblea General de los trabajadores del hospital entre abucheos y silbas, los presentes en la misma decidieron de forma unánime comenzar la ocupación del hospital a partir de la mañana del lunes 20 de febrero y formar grupos de trabajo y de responsabilidad, que funcionarán bajo el control de la Asamblea General. La noticia está empezando a difundirse ampliamente y ya han mostrado su interés medios y periodistas independientes. Los trabajadores son conscientes de la enorme responsabilidad que contraen frente a los pacientes, los ciudadanos, la sociedad local y también frente a ellos mismos y sus personas más cercanas, y están decididos a llevar sus objetivos a buen puerto, de forma consensuada y solidaria. Dichos objetivos no son estrictamente sectoriales. Son más amplios y tienen un carácter político. Los trabajadores del hospital de Kilkis no reconocen al gobierno actual, un gobierno impuesto y voluntariamente esclavo de otros intereses, y declaran el autogobierno del hospital.

Estos trabajadores quieren que a su lado estén no sólo los ciudadanos de Kilkis, sino el conjunto de la sociedad, a la que hacen un llamamiento para que de forma pacífica eche abajo el actual escenario político, procediendo a la propagación de ocupaciones por los hospitales de todo el país y por los lugares de trabajo de todos los sectores. Debemos paralizar inmediatamente esa Grecia que conocíamos y conocían, ocupando los lugares de trabajo y los espacios públicos, hasta que la dictadura parlamentaria que gobierna el país caiga y se erija un gobierno democrático que obedezca a la exigencia popular de liberarnos de las ataduras de la supuesta deuda y que nos conduzca por el camino de la reorganización y de la prosperidad.
Si esto no es tarea fácil, es porque el enemigo no está sólo fuera de nuestras murallas, sino también en el interior. ¡Sobre todo en el interior! Es lo que vimos hoy en Kilkis. Esos directores a los que inquieta tanto la pérdida de ingresos a causa de las movilizaciones, junto con sus secuaces y algunos médicos coaccionados, intentaron inicialmente buscar el apoyo de los reaccionarios altos cargos de la federación nacional de médicos de hospitales. El ambicioso presidente de dicha federación intentó apoyar no a los médicos en lucha, sino a los altos escalafones de la burocracia sindical. El señor Dimitrios Barnabas "está preocupado" porque, por culpa de las ocupaciones y las protestas de los médicos que no cobran desde hace meses, los hospitales no van a funcionar bien. Hasta ahora, como sabéis todos, vienen funcionando de maravilla...
¡Menuda conciencia social! A los irresponsables médicos sin escrúpulos que, junto con los enfermeros y otros empleados hospitalarios, reclaman lo que se les debe y luchan por una sanidad pública gratuita, les llaman "muchedumbre". El indescriptible señor Barnabas ha preferido mantenerse lejos de la muchedumbre. Esquivando a la combativa presidenta del ENIK (sindicato de médicos de hospitales de la provincia de Kilkis), la señora Leta Zotaki, que esperaba reunirse con él, como habían acordado, participó en un encuentro privado con el reaccionario vicepresidente y el personal directivo del hospital antes de la celebración de la Asamblea General que se había convocado en el mismo lugar. El señor presidente de la federación de médicos de hospitales "quiere que el hospital esté abierto, para que la gente esté a nuestro lado", según sus propias palabras. Pero no aclaró después, cuando comenzó a llegar "la muchedumbre" y se le preguntó al respecto, cómo concibe Su Excelencia la lucha sindical de los médicos, en especial hoy en día, si no es con enérgicas protestas y ocupaciones. La concibe, sin lugar a dudas, con protestas simbólicas, con acciones convocadas sólo para que las vea el gobierno, con una retórica vacía que asquea a todo el mundo, en el mejor de los casos con alguna huelga de un día que no hace daño a nadie. Estos son, en fin, los medios más eficaces con los que cuenta la burocracia sindical en estos momentos sin precedentes. Una concepción muy original del sindicalismo combativo, pero totalmente representativa de la actitud de los mandos sindicales, sobre todo a nivel federal. Si los trabajadores esperan que estos señores les lleven a luchas triunfales van a esperar mucho tiempo...

Los trabajadores y los ciudadanos de todo el país, de toda Europa y de todo el mundo deben ver un ejemplo en las ocupaciones, continuadas y no simbólicas, que comienzan en Kilkis y en otras partes, así como en las luchas que desde hace tiempo se encuentran en desarrollo en Acería Griega, en el canal de televisión Alter, en Loukisa y en decenas de lugares de Grecia y de otros países, y deben proceder a ocupar cuanto antes y en coordinación todos los lugares de trabajo y espacios públicos, manteniendo las ocupaciones hasta que se produzca la caída del gobierno impuesto y la disolución de los mecanismos de partido que durante tantos años urdieron e impusieron el inhumano régimen de nuestros días. El pueblo debe luchar al margen del parlamento, con luchas en las calles y sin esperar inútilmente a que el poder les dé nada, reivindicando una potente constitución democrática y una nueva transición, que ponga al país en el camino del progreso y lo convierta de nuevo en un lugar de democracia, de igualdad, de justicia y de prosperidad.
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Ελευθεριακή Συνδικαλιστική Ένωση - Διεθνείς Σχέσεις
Unión Sindical Libertaria - Relaciones Internacionales
http://athens.ese-gr.org/
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Autor:
europazapatista.org

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